La profecía se hace historia

Más de veinte años de Economía de Comunión, perspectivas para el futuro. La EdC, como muchos sabéis, nació de la mirada profética de una mujer, Chiara Lubich, el 29 de Mayo de 1991 en la ciudad de São Paulo hace ya más de 20 años. 

Conmovida por las fuertes desigualdades sociales del país, visibles en las favelas que rodean la selva de rascacielos de la metrópolis de São Paulo, sintió la urgencia de hacer algo concreto y lanzó la Economía de Comunión, una red que hoy, cada vez más, abraza al mundo entero. 

Hemos recorrido un largo camino y, si bien es cierto que no podemos sino alegrarnos de los frutos de todos estos años, también sentimos que hoy es necesario un salto de escala. 

¿Qué es lo que hemos comprendido?

(Luigino Bruni nos contaba algunas de estas conclusiones cuando habían pasado 20 años de la Economía de Comunión. Releyéndolo hoy, unos años después, nos damos cuenta de lo acertado de su análisis). 

A. Que el sistema económico capitalista debe evolucionar hacia algo nuevo (ya hay señales de esto si sabemos descubrirlas en el entramado de la historia). La crisis medioambiental, las crisis financieras, las desigualdades cada vez mayores y la infelicidad creciente en los países opulentos son signos elocuentes de que el sistema capitalista debe evolucionar, salvando el mercado como lugar de creatividad y libertad. Pero para salvar las conquistas humanas del mercado y de la empresa, es necesario superar este capitalismo que no sabe evitar que los niños mueran de hambre en las aceras de nuestras ciudades opulentas.

B. Hemos comprendido que la misión de la EdC, la nota que debe saber tocar en el concierto interpretado por cuantos trabajan por una economía más humana y justa, tiene que ver con la división de los beneficios en tres partes, que Chiara nos indicó desde el principio: empresas nuevas, una cultura nueva y, sobre todo, la pobreza. En particular, la EdC puede contribuir a reducir la miseria y la exclusión, antes que nada, cambiando las relaciones económicas de producción. La “corona de espinas” de São Paulo y de cualquier otra ciudad solo desaparecerá seria y definitivamente cuando las empresas incluyan en su seno a los excluidos, cuando su gestión sea de comunión, cuando el beneficio no sea el único objetivo de la empresa, sino un medio para el bien común, el bien de todos y cada uno.

C. Hemos comprendido que la pobreza no es una fatalidad, una condena definitiva de la humanidad, sino también -y sobre todo- el fruto de unas relaciones enfermas, equivocadas y asimétricas de poder, de decisiones políticas y económicas locales y globales. Si el sistema económico no evoluciona hacia la fraternidad universal, si las empresas no son de comunión, la miseria y la exclusión crecerán en el mundo y aumentarán los vencidos y las escorias del sistema. La EdC cura la pobreza cambiando las relaciones sociales, económicas y productivas. Ciertamente, la EdC cambia a las personas, pero esto no es suficiente, porque sabemos por la historia que es necesario cambiar también las instituciones, incluida la institución económica fundamental, que es la empresa. Si es cierto que los ideales nacen de las personas, esos mismos ideales viven y crecen en el tiempo solo con las instituciones que también han surgido de esos mismos ideales. Mientras que, con los proyectos de desarrollos que realizamos sobre todo con la ONG AMU, nos ocupamos de personas necesitadas (queremos y debemos hacerlo cada vez mejor), en paralelo, toda la EdC trabaja para cambiar las empresas y las instituciones, para que un día – esto es lo que soñamos con los ojos abiertos – nuestros proyectos de desarrollo dejen de ser necesarios, porque una economía de comunión a amplia escala haya eliminado de raíz las causas de las relaciones equivocadas de las que dependen buena parte de nuestras pobrezas e indigencias.  Cuando Chiara vio las favelas de São Paulo junto a los rascacielos, no puso en marcha, como podía suponerse desde una lógica humana, una acción social en la periferia de São Paulo (acciones que, gracias a Dios, existían y siguen existiendo también dentro del movimiento de los focolares). Ante aquellas favelas, Chiara pidió que nacieran empresas nuevas y distintas en una zona industrial alejada de São Paulo, en la ciudadela Araceli, intuyendo de esta manera que, sin cambiar las empresas -que son la institución principal de la economía de mercado-, no sería posible eliminar las favelas de São Paulo y del capitalismo.

D. Finalmente, también hemos recordado (es decir, hemos vuelto a traer al corazón) que, en una economía que da demasiada importancia a los capitales financieros y técnicos, la EdC sabe y dice que el primer capital fundamental de la empresa y de la economía son las personas. La creatividad y la pasión de las personas es lo que marca la diferencia, creando la riqueza y el éxito de las empresas y comunidades. 

Y termina: «La EdC nació y sigue naciendo cada día de un carisma. También por este motivo existe un profundo vínculo entre la EdC y los jóvenes: los carismas y los jóvenes tienen en común la esperanza, la fe en el futuro, los grandes proyectos e ideales. Las nuevas generaciones de la EdC son un fruto precioso de estos primeros años, pero también una garantía para caminar con paso ligero en el futuro».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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